marzo 14, 2012

Maldita delicia, tercera temporada. Capitulo 9


 Porque hay momentos en la vida en la que queremos que esa nube gris que oscurece nuestra vida se vaya, esta noche, yo quiero que eso pase. Y solo tengo a la mano una cura - al menos por el momento -: las letras. Éstas me transportan a un mundo con menos nubes grises, con más dias soleados - aunque esos dias en la realidad, no me gustan tanto. Deseo que sus dias siempre sean soleados y que siempre esten llenos de sonrisas y buenos momentos.
Tengo aire en mis pulmones, una sonrisa en mis labios y a pesar de que mis mejillas estan humedas, se que tengo amigos que lloraran a mi lado y me haran reir, lo se, porque yo haria eso por ellos. Pasemos menos tiempo sufriendo, aunque a veces sea dificil, y más tiempo riendo de lo maravillosa que es la vida. Gracias por esos momentos en que mis lagrimas son interrumpidas por sonrisas, mi Ale. No cabe duda que eres mi sol en mi dia de campo nublado. Te amo, mi mejor de las mejores amigas ♥ Nada podra separarnos, nunca de los nuncas de los nevers de lemmon :} Ya tu sabe! :D Te amo♥

9. Fuera del Mundo



Piso suelo norteamericano y de inmediato se sintió de nuevo en casa. Su chofer lo esperaba fuera del aeropuerto para ser llevado de inmediato a su oficina en lo alto del edificio de Wyngarden CO.

-Lleva mis pertenencias a casa y tomate el día libre – le dijo a su chofer y le tendió un billete de 50 verdes. Con una sonrisa resplandeciente su chofer asintió y subió de nuevo al auto negro.

Louis Parker sonrió de vuelta y entro al edificio. Ingreso al ascensor y presiono el botón para subir hasta el último piso, donde la ciudad podía verse vivir sobre todo lo alto y podías ver, casi como hormiguitas, a los habitantes de Nueva York transitar apresurados en sus vidas estresantes y caóticas, todos absortos entre sí. Al abrirse las puertas del ascensor una chica se acerco a él para tomar su abrigo y todo lo que quisiera tender en sus brazos, Louis la miro con la ceja levantada, a lo que la chica se sonrojo y con una leve reverencia se alejo de ahí hasta ocultarse detrás de la pantalla de su ordenador.

-¡Tío Lou!

-No vengas a lamerme las suelas, Jason – gruño y se alejo de su hipócrita abrazo en conjunto con una sonrisa. –Tengo cosas que hacer y una de ellas es relevarte de tu puesto – lo esquivo hasta entrar a la oficina principal, que era ocupada por Jason Wyndgarden, el mayor de los hijos herederos de la compañía de su fallecido mejor amigo, Jacob Wyngarden.

-¿C-c-como dices? – tartamudeo tan sorprendido que casi tira el carrito de la mensajería junto con el menudo mensajero de gafas enormes.

-Vengo a relevarte de tu puesto – repitió con toda la calma del mundo el Tío Lou. –No has dado resultados, mucho menos los resultados que prometiste en la junta del consejo hace meses. Ve a divertirte, que es lo que mejor sabes hacer, sobrino – dejo su maletín de piel negra sobre el escritorio de caoba y se sentó en la silla de respaldo alto giratoria, que alguna vez en el pasado, ocupo su mejor amigo y hermano del alma.

-¡No! – gruño Jason sin podérselo creer. –Tendrás resultados, los tendré. Solo necesito más…

-¿Tiempo? – frunció el ceño. –No me vengas con tonterías, Jason. Tu y yo sabemos lo que tramas, y no te permitiré hacerlo. Tu padre era una persona avariciosa, lo sabemos. Quería comerse al mundo entero, pero no tu madre. Ella no. Y lo que tú quieres hacer, va en contra de todo lo que tu madre te enseño. Así que dile a tu amigo Thomas, que se termino el juego de los estafadores – Jason intento reclamar, pero Louis levanto la mano para que guardara silencio. –Cierra la puerta cuando te vayas, adiós.



Jason abandono el edificio con los puños cerrados.

-Esto no se va a quedar así, no… - llamo a Thomas. Su amigo contesto al primer tono.

-¿Qué pasa?

-Cambio de planes. Haremos que los Phellan paguen lo que le hicieron a mi padre de una buena vez por todas. Olvida la demanda, esa maldita familia lo pagara ojo por ojo – la furia en el tono de su voz le hizo saber a Thomas que no se irían con medias tintas, su amigo sonrió complacido. El tipo era un matón que disfrutaba hacer sufrir a la gente.

El Valet Parking tardo el llevarle su auto, y mientras esperaba, llego su hermano. Bajo de su Impala y se acerco a él. Las ojeras debajo de sus ojos parecían incrementarse a cada lastimosa respiración. Rodo los ojos, su hermano no sabía divertirse, era un mariquita insufrible.

-¿Qué demonios haces aquí, Jensen?

-Me entere de que el tío Louis volvía, y vine a darle la bienvenida.

-Seguro – volteo los ojos de nuevo. –Viniste a decirle que arruine la relación con la tipa esa, ¿no?

Jensen tenso la mandíbula.

-Vine a detenerte – corrigió Jensen. –No vas a arruinarle su vida como arruinaste la mía – agrego.

-Por favor – soltó el aire de forma burlona. –Ella, su familia, provoco el accidente. ¿O es que no recuerdas todo lo que te dije?

-Claro que lo recuerdo, y fui un imbécil al dejar que llevaras a cabo tu estúpido plan. Luna no conoce a los Van Der Beek, así que será estúpido decir que ella quería quitarles su Hotel, cuando el que quiere hacerlo eres tú; fue un simple accidente, tú quieres creer que su familia fue la culpable del choque, pero no es así. Jason, ¿Por qué no puedes superarlo? Nada de lo que intentas hacer nos devolverá a nuestros padres, nada.

-Sigues enamorado de la fulanita – sonrió. –Pues despídete de ella, porque será pronto su final – el auto de Jason llego y subió antes de que Jensen pudiera reclamar algo.

Jensen subió hasta el último piso. Entro a la oficina que alguna vez ocupo su padre, los muebles altos hasta el techo, repletos de libros, el escritorio al fondo con el enorme ventanal que daba a la ciudad, la foto de su madre aun sobre el escritorio de caoba, podía incluso, respirar la colonia de su padre. Todos los buenos recuerdos acudieron a él. Incluso la sonrisa de su Luna. No solo había sido el amor de su vida, sino que ella había estado para él cuando sus padres fallecieron, cuando el odio de Jason creció contra su propia familia, contra él, su único hermano. Jason no pensaba con claridad, esta por completo cegado ante la sed de venganza, de una venganza estúpida y sin fundamentos.

-¡Jensen! – Louis se sorprendió al ver a su sobrino favorito. Se puso de pie y lo abrazo fraternal. Como un padre a su hijo, y es que eso era Jensen para él. – ¿Qué es lo que planea Jason?

-Me dijo que tenía que dejar a Luna para que él no le hiciera daño – dijo de inmediato. El peso de sus hombros disminuyo, pero no la culpa que crecía en él, esa no se iría jamás, estaba seguro –  me negué y la  demando por fraude. Le dio dinero a un par de policías en la estación para que dieran pruebas falsas y la metieran a la cárcel, solo que ella tiene al mejor abogado de Manhattan – sonrió sin proponérselo – y ahora está libre hasta el día del juicio. Consiguió su firma en unos papeles falsos cuando le envió un libro.

-Tranquilo – puso una mano sobre el hombro de Jensen. –Luces peor que cuando te vi en la Clínica – le dijo con seriedad.

Jensen sonrió un microsegundo.

-No soy nada sin ella. Y fui un cobarde al alejarme de ella para que Jason no la metiera en sus estúpidos planes. Él dice que los Phellan son responsables de la muerte de mi padre, que fue su padre el que no arreglo los frenos y que por su culpa su auto salió de la autopista en una curva… - forzó la voz para terminar la frase.

-La autopista estaba en mal estado, hijo, tu padre no pudo frenar, el asfalto…

-Ya lo sé – se alejo de su tío y miro por el ventanal. –Lo sé, lo sé – repitió molesto. –Ellos no tuvieron nada que ver. Lo sé… Ahora, haz que entienda Jason – lo miro de reojo. –Porque si vuelve a lastimar a Luna, tan solo si le envía una mirada, siquiera de soslayo a mi Luna, lo mato.

-Jensen, hijo…

-¡LO MATO! – rugió saliendo de la oficina, azotando la puerta al salir.

Louis Parker supo de inmediato que Jensen hablaba en serio.
 

-Señor Wyngarden…

Jensen se giro.

-¿Si? – miro al tipo que lo llamo.

-Soy Adam Mond, trabajo para su hermano. Yo… Conozco el problema al que metieron a Luna Phellan.

-Continua… - lo miro curioso.

-Yo fui el que mando el libro a Luna, su hermano me dijo que lo hiciera. Se supone que no tengo que abrir la boca, pero…

-Entiendo. Todo estará bien, me asegurare de eso – prometió. Le dio un golpe amistoso en el brazo y se fue de ahí.

Aun con la furia atravesando su cuerpo y cada rincón de éste, subió al Impala y sin proponérselo aparco frente al edificio donde Luna trabajaba. Seguía sin perdonarse su cobardía. Intento salvarla de lo que pudiera tramar su hermano, y aun así, el muy cretino la enredo en sus planes. ¿Todo para qué? Para una venganza sin fundamentos. Y lo único que había ganado de eso fue el eterno odio que Luna tendría hacia Jensen.

Su pulso se acelero cuando la vio salir y unos brazos la levantaron en el aire, el sonido de su risa entro por las ventanas abiertas del Impala. Él también sonrió amargo, y continuo mirando entre las sombras, oculto en su auto. La vio alejarse tomada de la mano del tal Tristan. Mientras él, dentro del Impala, se retorcía de agonía. Una agonía, que parecía no tener fin. A menos que…

***
 

William Northman llamo a Renata. La chica entro a su oficina, vistiendo su más linda sonrisa y esos stilettos altos que amaba.

-Hola…

-Tengo algo que decirte – William cerró la puerta tras ella, lo cual levanto la curiosidad en Renata. Se sentó en una de las sillas frente al escritorio y espero a que él tomara lugar frente a ella, detrás del escritorio. No fue así. William jalo la silla de Renata y se puso de cuclillas frente a ella.

-¿Qué pasa? – intento descifrar lo que decía su media sonrisa y el azul celeste eléctrico de sus ojos. No encontró nada.

-Tengo que ir a Londres.

-¿Cuándo?

-En una semana – contesto él. Tomo la mejilla de Renata con una mano y acaricio sus pómulos con lentitud, como si quisiera aplazar lo inevitable. – Por trabajo.

-Entonces… ¿Por qué la cara larga? – coloco su mano sobre la mano de él.

William bajo la mirada.

-¿Qué pasa? – William negó con la cabeza. Ella se puso nerviosa. – ¿Cuánto tiempo te irás?

Él poso sus celestes ojos en el esmeralda de su mirada.

-No lo sé – dijo por fin. Su voz sonó robótica. Renata sintió un dedo helado recorrer su espalda.

-Will, ¿Qué intentas decirme?

-Quisiera que vinieras conmigo y… Pero no puedo. Eres muy importante para la empresa aquí y… No puedo.

-Entiendo – dijo despacio. –Que tengas un buen viaje entonces – intento ponerse de pie, William no se lo permitió.

-Quiero que sepas que eres muy importante en mi vida, y el hecho de que no te lleve a Londres no quiere decir que no te quiera…

-Tranquilo – beso su mejilla.

-¿Tranquilo? – alzo una ceja. –Estaré tranquilo si pudiera llevarte conmigo.

-Shh, mira… Me toma por sorpresa la noticia. Tenerte lejos seria… Además, tengo un par de cosas que decirte también – su cuerpo se tenso y ella tomo aire. Deseo que Luna estuviera ahí para tomarle la mano, apoyándola. William la miro curioso, en silencio.

-Lo que sea sé que no es grave – intento hacer una broma, pero solo él sonrió bobamente.

-Hace semanas, me encontré a Julien…

-El que te ignoro – le ahorro la explicación.

-Si. Y quería venganza. Nos besamos… Quería que él viera lo que se había perdido y fui a su departamento y… ¡Nada paso! – agrego antes de que William estallara. –Y nada pasara. Es estúpido, pero…

-Shhh – puso un dedo sobre sus labios que se movían nerviosos en busca de palabras. –Se que no pasara nada, porque si tu hubieras querido, hubiera pasado – le dijo sabiamente. –Renata, sé que me consideras un amigo, y quiero creer que soy parte de tu vida como tú de la mía. Que me cuentes lo que paso entre tú y… él, es importante para mí, porque sé que me tomas en cuenta y que…

-Te quiero, Will – ayudo. –Ahora resulta que Julien y yo somos amigos. Y parece que Julien si toma en serio ese título. Yo no quise lastimarte ni quiero lastimarte… - tomo su rostro para perderse en su mirada y saber si él en realidad le creía.

-Lo sé – se acerco a besarla. La abrazo. El abrazo se alargo, ella se puso de pie para abrazarlo a profundidad. Quería sentir el calor de su pecho y el aroma de su colonia contra sus sentidos, deseaba sentirse protegida como nunca se había sentido. Sacar el sucio secreto de aquel beso con Julien la había liberado, y que William la haya escuchado tan tranquilamente no tenia precio. No quería perderlo de eso estaba segura. –Te quiero, Renata… - pasó las manos por su espalda. –Deseo tomarte justo ahora, sobre el escritorio… - confeso.

Renata rio nerviosa.

-Hazlo – susurro contra su cuello. Sus stilettos le daban la oportunidad de alcanzar la suave piel de su cuello con sus labios. Lo sintió estremecerse con sus brazos rodeándola.

-Prefiero verte tumbada en mi cama – dijo con la voz ronca, cosa que hizo sentir orgullosa a Renata. Lo miro con lujuria y le dio un tierno beso en los labios.

-Entonces nos vemos más tarde.

-Puedes apostar – la tomo de la muñeca antes de que ella saliera de su oficina y le robo un beso que la dejo sin aire. La levanto del suelo al menos un palmo y se engancho de ella tomándole el trasero. – ¿Te irías conmigo?

Renata toco de nuevo el suelo. ¿Se iría?

-Yo…

-No me respondas ahora – corto. –Te veo más tarde – beso de nuevo sus labios y la libero de su agarre.

Salió en silencio.



De pronto, al entrar a su oficina, recibió una llamada de un número desconocido. Presiono el botón verde de su móvil para contestar.

-¿Hola? – pregunto con desconfianza.

-Hey, ¿Cómo estás? – aquella voz tan familiar y relajada casi la tiro.

-¿Julien? – cuestiono sentándose en su silla giratoria, antes de que cayera de rodillas ante la sorpresa.

-El mismo que viste y calza – hablo de nuevo esa voz, tan sensual y segura.

-Oh… - No podía creerlo. ¿Era él? Parecía como su estuviera tras las paredes, listo para tumbarla de nuevo. Esta vez, para derrumbarla en medio de preguntas que ella temía responder. Dejar Nueva York e irse con William por tiempo indefinido a Londres. La propuesta sonaba tentadora, mucho.

-¿Es un mal momento? – Julien la saco del hilo de sus pensamientos.

-Algo así… - susurro. Su cabeza era un lio de sentimientos.

-Bien, que estés bien. Adiós – Julien colgó, la línea se quedo en silencio así como ella. Contemplo el número que apareció en la pantalla de su móvil un minuto que le pareció eterno.

¿Qué haría ahora?

***
*Click, Your love - Fay Wolf
Tristan caminaba de la mano con Luna, por la acera. Esa tarde había prometido llevarla a su nuevo hogar, un loft pequeño a un par de calles de su taller de motocicletas. Había dejado su enorme departamento en manos de su hermano, Julien había aceptado contento ya que el departamento incluía el piano de cola y una vista asombrosa a la ciudad.

-¿Hace cuanto te mudaste? – pregunto curiosa, caminando hasta donde estaba estacionado su Mitsubishi Eclipse descapotable.

-Un par de semanas – respondió, beso el dorso de la mano de Luna y una vez cerca del auto, la ayudo a subir. –Aunque no es tan… lindo – hizo una mueca al decir esa palabra, se sentía raro decir “lindo” en su ronca voz – como el tuyo.

-¿Piensas que mi departamento es lindo? – hizo un puchero infantil, girándose un poco sobre al asiento dentro del auto, para mirarlo.

-Siempre he pensado que es una extensión de ti ese departamento – encendió el auto y se metió en el trafico. –Y quería pedirte algo…

-Dime.

-Quería saber… Si… - se detuvo en un semáforo en rojo. La miro. –Si…

-No te voy a morder – sonrió divertida ante el manojo de niervos que era Tristan. Sus manos apretaron el volante e intentaba hacer para atrás el cabello que caía sobre sus ojos, con estúpidos movimientos de su cabeza.

-Eso es algo que quiero que no cumplas – dijo. Luna abrió la boca, después le tomo la rodilla.

-Dime…

Y eso casi fue una orden para Tristan.

-Tienes un buen gusto en la decoración de interiores – murmuro tenso ante la mano de Luna que ahora subía hasta su muslo.

-Ajá, continúa…

-No sé, quizá… Si tú quisieras… Y pudieras, claro…

-Me encantaría ayudarte, Tristan, en la decoración de tu loft – su mano se quedo en el camino directo a su entrepierna, bien lo presentía Tristan, y sonrió complacida. – ¿No fue difícil, o si?

-Un poco – ‹‹Más con tu mano subiendo por mi pierna›› – no quería que te negaras – confeso. El semáforo se torno verde.

-¿Cómo negarme?

-Seria sencillo – murmuro. – Solo tenías que decir: no.

-No, no podría negarme nunca… a ti – declaro y miro por la ventana, evitando la mirada parda de Tristan.

Tristan detuvo el auto una calle antes de llegar a su loft.

-Luna – llamo. Ella giro el cuello, mirándolo con esas pequeñas motas rojizas surcando sus mejillas. –Yo tampoco puedo negarme a algo que tú me pidas…

-Bésame – dijo. Y más que una petición, fue casi una orden, un deseo para él, tan grande era el deseo y la necesidad que crecía dentro del pecho de Tristan por Luna, que le dolió el pecho el tiempo que tardo en acercarse a sus labios para besarla como Dios manda.

-Ahora… llévame a tu loft… Antes de que… Haga cosas indebidas… en la vía… Publica… – hablo Luna sin despegar los labios de los de Tristan.

Él acelero y en menos de lo planeado aparco el auto en el estacionamiento del edificio de tres pisos.

-Se ve… elegante.

Tristan oculto una sonrisa estúpida tras la cortina de cabello largo. Sabía que lo que Luna quería decir no era “elegante”, sino “Lindo”, era una palabra que ella usaba continuamente, y que para ella significaba algo más que solo “bonito”, era mucho más.

Tomándola de la mano, la guio escaleras arriba hasta el tercer piso. La expectación aumentaba a cada peldaño que ascendían sobre la escalera. Los golpes de Luna al subir con cuidado las escaleras, provocados por el tacón de los botines de agujetas, eran similares a los golpes del acelerado corazón de Tristan dentro de su pecho, resguardado por esa playera de manga larga.

Una vez frente a la puerta, le soltó la mano y rebusco en las bolsas de sus jeans las llaves.

-¿Tengo que cerrar los ojos? – inquirió juguetona.

-Por el momento no – respondió serio. Encontró las llaves y abrió.

Entro seguido de Luna. La duela de madera que cubría el suelo no chirrió cuando ellos pasaron a través de la puerta hasta la plancha larga que parecía interminable, que conformaba en sí, la sala, el comedor y la cocina. Frente a ellos solo había duela de madera clara, mezclada con oscura, donde las betas de la madera le daban un toque misterioso y sombrío, y los ventanales grandes, nada parecidos a las paredes de cristal de su antiguo departamento en Manhattan. Este lugar parecía una enorme bodega con suelo de madera.

-Tengo que amueblarlo – Tristan rompió el silencio.

-Y será un honor ayudarte – tomo su mano y recorrieron juntos el amplio salón y cada una de las habitaciones, éstas si eran divididas por paredes macizas que mantenían el ruido ya fuera adentro o en su exterior.

La cocina podía ser diferenciada porque tenía una isla de mármol a modo de mesa con un par de puertas y cajones debajo,  detrás de la isla estaban las alacenas de puertas de vidrio con madera oscura, la estufa de seis parrillas lucia nueva, así como la nevera gris. El cuarto de baño consistía en una amplia regadera de puertas de cristal templado, los azulejos celestes, combinaban con el mueble blanco de madera con detalles dorados, el lavabo sencillo y un espejo redondo que era sostenido por un pedestal, todo eso contenido por cuatro paredes y un traga luz que conformaba el techo, las lámparas estaban afianzadas en las paredes, en cada una de sus esquinas, como antorchas de luz blanca, hermosas y modernas.

-¿Cuántos días llevas viviendo aquí? – pregunto ante la falta de cosas persones en el baño.

-Ninguno – dijo, un tanto avergonzado. –Se que dije que un par de semanas, pero… - rasco su nuca – solo compre la nevera, la estufa y… la cama – agrego con una voz suave, seductora.

-¿La cama? – levanto una ceja, mordiendo su labio inferior.

-Si, y las sabanas y el cobertor… aun me faltan las…

-¡Vamos! – casi corrió a la habitación de Tristan. Esa habitación daba hacia la avenida, donde los demás edificios se veían de frente y un árbol seco, crecía frente a su ventana, dando una vista misteriosa y relajante. – ¡Wow! – jadeo.

La cama quedaba justo detras a la ventana, la misma, no tenia cabecera, y las sabanas estaban revueltas. El ventanal, que abría como dos puertas hacia afuera, no tenía cortinas, así que la vista natural y enigmática se podía ver con total plenitud. No había más nada que la cama y un escritorio con una silla a punto de caer en pedazos, y en el fondo, un armario enorme de madera situado en la parte oscura de la amplia habitación.

-Siempre quise que ni cama quedara frente a una ventana – Luna entro a la habitación y subió a la cama para tenderse con los brazos abiertos.

-Pues aquí la tienes – Tristan la siguió, gateo sobre ella y le dio un beso a su frente, acomodo su cuerpo junto a ella y la abrazo como un niño pequeño. La ternura del acto le trajo hermosos recuerdos a Luna, y no logro ocultar un sollozo de felicidad.

-¿Qué sucede?

-Soy feliz, en este momento, estoy feliz – se giro para abrazarlo, y oculto su rostro en el pecho de Tristan.

-Mi Luna… No quiero estar solo, Luna, nunca más.

-No te dejare solo, Tristan – levanto la mirada, acaricio su cabello. Sus dedos curiosos llegaron a sus mejillas barbudas.

-Quiero que… - tomo aire por la nariz, la miro fijo. Aquellos ojos grises de cielo nublado le regresaron la mirada, podía ver sus largas pestañas hacer sombra a sus ojos. Y de pronto se vio sumergido en el dulce aroma floral de su cuerpo, en su suave respiración que chocaba contra su cuello, perdido en su mirada y en el cariño que reflejaba sus ojos, no quería perder nada de eso. Lo quería para él, cada día, cada mañana, cada noche, yacer a su lado después de una larga noche de placer desenfrenado. – ¿Quieres….? – detuvo su pregunta. No, él tenía una mejor idea.

-¿Qué? – apuro ella.

-¿Quieres cenar?

Fue un cambio repentino al tema tan sensible que Luna había tocado. Él lo supo por la mirada ausente de ella un par de minutos.

-No tengo hambre – hizo amago de ponerse de pie, Tristan leyó la decepción en su mirada. –Mañana podemos comenzar la decoración y limpieza de tu departamento… - se sentó a la orilla de la cama.

-Podemos empezar hoy mismo – su voz fue sugerente, empero, Luna la ignoro.

-Mejor después, estoy cansada, me duele la cabeza – se puso de pie.

-¿Lo dices en serio? – sonrió. – ¿Te duele la cabeza?

-Si, y no te rías, si me duele – su voz sonó aguda, oculto el nudo desesperado en su garganta, ¿Por qué Tristan cambio el tema de conversación?

-No digo que no sea verdad – la alcanzo camino a la puerta. –Hoy compre las sabanas y… Te imagine en…

-Como sea, no me importa.

-Si te importa… - inclino el cuerpo, apartando el cabello de Luna de su espalda y beso su nuca. –Mucho…

-No, no es así – intento sonar firme, no lo logro.

-Quiero mostrarte algo…

-Me duele la cabeza, quizá otro día – declino la oferta. –Me llamas si quieres comprar algún mueble, yo inspeccionare la decoración – tomo su bolso. –Nos vemos más tarde.

Tristan la siguió por el pasillo de las habitaciones y por el salón directo a la entrada, una vez que ella abrió la puerta, él volvió a cerrarla empujándola con la mano.

-Luna – llamo serio. –Quiero hacer las cosas bien contigo, y eso quiere decir que no quiero que te vayas, no aun – espero la reacción de Luna, ella se giro. – ¿Te quedas?

-¿Qué cosas quieres hacer bien conmigo?

Sonrió de forma encantadora, llevo esos mechones rebeldes de su cabello detrás de las orejas y beso su frente.

-Ya verás – prometió.

-¿Qué es lo que veré?

-Ven a la cama conmigo. Juro que no te arrepentirás…

Frunció los labios, aquel tono no era de seducción, así que sabía que no prometía desnudos entre líneas, y al final accedió. Como ella había dicho, no podía negarle nada a ese hombre.

-Más te vale – señalo apuntándolo con su dedo, camino delante de él hasta su habitación. – ¿Qué es lo que querías mostrarme?

-Estas molesta – no era una pregunta.

-No – mintió.

-Te conozco lo suficiente como para asegurar que me mientes…

Mordió la parte interna de su labio inferior y desvió la mirada, la poso sobre las sabanas revueltas.

-Tienes que tender bien la cama – dejo su bolso en el suelo, estiro las sabanas y moldeo las almohadas de plumas. –Mejor.

-Olvidaste esto – del armario saco un cobertor azul marino y azul cielo en su otra vista.

-No soy tu… sirvienta. Hazlo tú – cabezo en dirección a la cama.

Tristan coloco el cobertor de modo que el lado oscuro quedara arriba. –Solo faltan las cortinas, quizá mañana las compre – rasco su mentón.

-Tienen que ser oscuras, parece que te gustan los colores oscuros – comento sin poderse contener, pegada a la pared.

-Aun así, quiero que se vea el árbol – señalo la ventana y se recostó en la cama, palmeo el otro lado, había suficiente espacio para Luna.

-¿Qué es lo que quieres que vea? – apuro. Estar cerca de él, era rendirse ante todos sus encantos, su atractivo derrumbaba cada sentido de ella, provocándole la sensación de derretirse.

-Ven aquí y te lo mostrare.

-No estoy enojada – comenzó, mirando la punta de sus botines. –Pensé que me dirías algo importante y luego…

-Ven aquí, Luna, no quieres que me ponga de pie y te obligue, ¿o si?

Accedió al final y se recostó a su lado.

-Mira el techo…

-Bien – hizo lo que él decía, pero no veía nada salvo el techo vigas de madera y las conexiones de luz que alumbraban todo el loft con lámparas largas de luz blanca. No había nada interesante más que ese techo amplio y alto.

-Lamento hacerte enojar – beso su mejilla. –No dejes de mirar el techo.

-Me estoy cansando de ver el techo, ¿Qué hay de interesante?

-Pues nada, solo quería que te acostaras – confeso. Luna sonrió, le dio un golpe en el brazo con suavidad.

-¡Hey! – en un rápido movimiento la tomo de la nuca y la beso hasta que no tuvo ni un solo centímetro cubico de aire en sus pulmones. –Continua y quizá pueda perdonarte por timarme – lo abrazo del cuello, el peso de Tristan se sentía magnifico sobre ella.

-Si continuo tendré que desnudarte…

-No llevo prisa – decreto picara. – ¿Tu?

-Pasaría una eternidad haciendo el amor contigo, Luna – abrió su abrigo e introdujo las manos, con sus palmas frías debajo de su blusa hasta que alcanzo las cimas de sus pechos, ella dio un respingo. –Es que tengo algo de frio – justifico.

-Lo note, quizá yo pueda darte algo de calor…

-Luna, tu puedes darme la vida misma si solo me miras – apretó sus pechos, y abrió su sostén por enfrente. La suave piel de sus senos y sus débiles gemidos lo hizo detenerse.

-¿Qué? – abrió los ojos cuando él se detuvo. – ¿Qué pasa?

-No podrás detenerme ahora, Luna.

-¿Quién dijo que quería que te detuvieras?

-No habrá poder humano que me impida estar a tu lado, hacerte feliz y hacerte mía.

-¿Eso es una amenaza? – no reservo la sonrisa tras la careta seria de Tristan.

-Es una promesa, Luna. Te amo…

5 comentarios:

Violet dijo...

aaaaahhhhh!!!!! estuvo super tierno este capi, pero eres una canija!! nos dejaste al borde de la cama ufff! Entonces Nata se ira con William!?? y Jensen no es un HDP solo es idiota por creerle a su hermano psicopata!!! pero de todos modos me gusta mas Tristan para Luna, ya Jensen es agua pasada!!!
lindo, lindo, lindo....

Ale!! cRaZy StAr!! xD dijo...

Dioses!!! Tio Lou!!!!! xD jajajajajajaja odio a jensen hijo de la mil putas xD ¬¬ a su hermano se o quizas presiento que un buen polvo le falta xD Y ese Will lo odio.... nose tengo sentimientos encontrados amor me recuerda muchas cosas tantas que tengo los kleenex al lado y bueno se va se va.... pues que se vaya.... xD Me quedo con Julien!!!!!!!!!!!!! DIoses!!! ese amigo que rico xD y que puedo decir con Trish y Lunis... es una perra con suerte xD Amo MD!!!!!! se que vendra lo triste y aun asi quiero y ansio seguir leyendo T_T Te amo amor gracias por poner la sombrilla en mis dias nublados <3<3

Ale!! cRaZy StAr!! xD dijo...

Ay Violet yo lo sigo viendo como un HDP ¬¬ aun asi no tuvo el coraje para pelear... eso habla mal de el... y ahora celos?? Pfff que me deje a Luna en paz.... y William que se vaya mucho a.... Londres y deje a Rens ¬¬ o si no me vere en la penosa necesidad de quedarme con julien y el piano xD jajajajaja

Violet dijo...

Pues si Ale tienes razon, ese Jensen tiene pocos eggs por no luchar por Luna, pero asi también le da chance a Tristan para hacer su luchita!! y esperemos para hacer feliz a Luna!!!
A mi William si me gusta mucho, yo si me lo deba, esta re-bueno. Si es mala onda que no le haya dicho a Nata que tiene un hijo o como ha sido su historia, asi que supongo ella se llevara una sorpresa nada grata, y sufrirá. Pero lo bueno es que ahi esta su backup, apetecible como el solo, Julien, mmhmm!

Ada Parthenopaeus dijo...

Ahhhhhhh!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Ese Json es uj HDP Yese Jesne es un pendejazo que se deja dominar porel otro cabron... BrAavo Tio Lou! dale de patadas a Jason...
Pobre Re muher si que estas en un dilemonon todos tan buenos y coestibles y solo puedes quedarte con uno he dicho la vida es injusta cariño y Tristan porque carajooos nooooooo le dice lo que quiere decirlke por Dios me muero por oirle antes de que sea demasiado tardeeee y ya se apra quien trabajaba Adam Niño malo!! merece un par de azots en ese culo por trabajar paa Jason ... en fin !!!!!!!!! AAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!!

Las chicas del Té de Lemmon

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