enero 20, 2013

Maldita delicia, tercera temporada. Capitulo 20

¡Yaaay! Me deberían dar un premio por esto, digo, por no tardar tanto en publicar :D Jaja. Ok no ._.
En fin, disfruten :D Aaaaay, aun no llegamos a la parte triste.

Nota del autor: Amors mio, mi Ale, ya no será incesto lo que te hago imaginar, jaja. Te amo♥



20. Sangre y Fuego

Un tipo de largo cabello rubio había salido tan rápido del edificio de la Corte que nadie le vio bien. Los murmuros de los curiosos se hicieron más y más fuertes, hasta el punto de convertirse en gritos dentro de su cabeza. La mancha de sangre crecía, bañando su ropa de carmín, su piel palidecía peligrosamente, el beat de su corazón se desvanecía de a poco.

Era un sueño.
Una pesadilla.
La peor de todas.
-Te amo…
-No, no te despidas – las lagrimas le nublaban la vista. Sus labios temblaban, provocando que no pudiera formular más frases esperanzadoras. –Esto no va terminar así, lo juro.
Sonrió.
-Te amo… y… nada… cambiara… eso…
-Tristan – Luna se tumbo ante su cuerpo. Apretó con mayor fuerza la herida de su cuerpo, por donde brotaba la sangre. Tenia que mantenerlo presionado, eso había dicho Hunter antes de salir gritando por una ambulancia. Noah estaba de pie a su lado, realizando llamadas. Ella era ajena a todo eso. Solo tenía ojos para Tristan. –Por favor…
-Shh – Tristan levanto la mano hasta sus labios, bañándolos de sangre. Choco los dientes y respiro. –Estare… bien…, amor…
-No hables, no te esfuerces. Tristan, por favor – sollozo hundiendo la cabeza en su cuello. Aspirando mil veces el aroma de su cabello, de su piel. Su cuerpo perdia calidez. –No me dejes.
-No iré… a ningún… lado…
Luna quería creer eso. Necesitaba creerlo.
Esto era lo que días atrás arañaba su interior. Esto era lo que más temía. Se negaba a perderlo.
Las sirenas de una ambulancia la hicieron detener sus pensamientos, y después cuatro paramédicos irrumpieron el lugar para levantar a Tristan del suelo. Tardo un segundo mirando la mancha de sangre del mármol de la pequeña salita donde había sido el juicio, para después ver lo que ocurría en el pasillo.

-¡¡TU!! – grito apenas salió.
Dos policías tenían esposado a Jason. Él mantenía una sonrisa triunfal cuando ella se acerco para golpearlo.
– ¡MALDITO! TE ODIO, TE ODIO, MALDITO – Luna rugía golpeándolo, hasta que Noah la tomo y la alejo de él a pesar de que la morena se retorcía. –Te matare, te matare… – juro conforme perdía el aliento y se removía entre los brazos de Noah que la mantenían firme. El tipo era enorme, inútil era pelear para zafarse de su agarre. –Si Tristan… – No podía decirlo – ¡Te mato!
Cuando finalmente se calmo, más que nada porque pelear contra la enormidad de Noah era en vano, siguió a los paramédicos y Noah la ayudo a subir a la ambulancia.
El camino al hospital se le hizo eterno. Tristan apenas apretaba su mano, aunque no dejo de mirarla en silencio. El tono de su piel no mejoraba. La mascarilla de oxigeno no le dejaba ver por completo su rostro.
-No se quite el oxi… – Quiso decir un paramédico que se aseguraba de mantener el suero en el aire, cuando Tristan removió la mascarilla para hablar.
-Estoy bien…
-Shh, calla – Luna agradecía que él hablara. Eso era buena señal, ¿o no? – ¿Esta cosa no puede ir más rápido? – Miro a todos lados, buscando una respuesta.

Prácticamente volaron dentro del Hospital. Tristan fue transportado en una camilla directo al quirófano. Luna solo alcanzaba a escuchar frases cortadas. “La bala entro pero…”, “Ha perdido mucha sangre”, “Un donante”.
Cubierta de sangre se quedo inmóvil ante las puertas del quirófano. Por más que grito, pateo y golpeo, las enfermeras no la dejaron entrar.

***


Julien sentía el cuerpo pesado, le dolía todo y a la vez se sentía aliviado. Abrió los ojos de a poco, acostumbrándose a la tenue luz que se colaba en la habitación de Renata. Desconocía que hora era, y realmente le importaba una mierda. Ella dormía abrazando su cadera. Que si bien ese roce dolía, que ella lo tocara lo curaba. La miro embelesado, haciendo a un lado los mechones alborotados de su cabello que cubrían su hermoso rostro. Era un ángel. Su salvación.

-No sé a quién le debo un favor, pero a puesto que nunca terminare de pagarlo – beso su frente.
Renata se removió y sus manos se posaron sobre los huesos de su cadera. Julien choco los dientes y trago la maldición que iba a escupir debido al dolor de los golpes de hace apenas días. Los ojos verdes de Renata lo reflejaron y todo dolor desapareció. Magia.
-Tienes un ojo morado – Dijo ella con voz pastosa.
-Quiere decir que ya casi dejo de ser un maldito mapache – Sonrió.
Renata soltó una suave risa.
Ella tenía la nariz roja, amén de los días que había pasado en cama con un resfriado de los mil demonios. Julien había cuidado de ella desde entonces. Desde ese día en adelante, recordaría que las duchas serian rápidas, sin besos de por medio. Renata la había pasado en cama los días pasados. Los ojos los tenia llorosos e hinchados tenuemente, la nariz congestionada y el cuerpo cortado. No tenía apetito de nada y añoraba con ansias locas un buen bote de helado.
Durante esos días no había ido a trabajar, su jefa Loren le había enviado el trabajo a casa, ya que a pesar de la fuerte enfermedad, Renata se negaba a faltar en sus deberes profesionales. Julien se canso de decirle que dejara eso, que su jefa entendería, pero Renata necia como ella sola, se negaba rotundamente. Había días en que no salía de la cama. Quizá solo a veces cuando Julien la bañaba con agua caliente y la obligaba a volver a la cama.
La enfermedad la había tenido tumbada entre las frazadas térmicas de su cama al menos 7 días. Necesitaría vitaminas después de eso. También necesitaría ver a Luna una vez que se curara. No había visto a su amiga desde entonces. Julien le decía que la morena estaba de maravilla, que tenía mucho trabajo o eso le decía su hermano.
-¿Cómo dormiste?
-Aplicando la ley de la supervivencia – Respondió Julien.
Ella le miro frunciendo el ceño. Tallo su ojo izquierdo y subió las manos hasta su cuello.
-¿Cómo es eso?
-Desnudo para mantenerte en calor – Susurro.

Renata abrió la boca dejando escapar un suave y casi imperceptible gemido. Eso explicaba porque sentía algo duro y demasiado caliente chocar contra su vientre. Minutos atrás había pensado que era la botella de agua que Julien mantenía cerca para así no tener que levantarse e ir por un vaso de agua hasta la cocina.

-¿Qué pasa, preciosa? ¿Por qué tan callada? – Julien acaricio sus mejillas.
-Nada – Negó con la cabeza. – ¿Como quieres que salga de la cama si usas tus más bajos trucos y artimañas?
-¿Quién dijo que quería que salieras de la cama?
Renata negó con la cabeza y rio bajito. Se abrazo de nuevo a él y subió una pierna por su cadera, aquel roce contra la dura piel de Julien le saco un suspiro. Después bajo una mano entre sus cuerpos y atrapo aquello que chocaba con persistencia divina contra su vientre. Orgullosa, vio a Julien chocar los dientes y apretar las manos en la piel de su cadera. Los ojos eléctricos y celestes del joven Van Gulick se oscurecieron cuando ella comenzó a frotar toda su longitud. Renata no le quito la vista de encima.
-Te sientes mejor, ¿cierto?
-¿Qué te hace pensar eso?
-Oh, no lo sé… - Con una mano rodeo la nalga de Renata hasta que encontró ese lugar que lo ponía duro.
Sus largos dedos hicieron a un lado la tela de algodón de sus bragas hasta encontrar su más preciado mangar, rozo sus pliegues y los abrió un poco solo para palpar la humedad que comenzaba a crecer. Renata dio un respingo cuando Julien toco su botón.
-Esto – Julien enterró un dedo en ella hasta que la escucho gemir y arquear la espalda un poco. Lo saco lentamente y lo llevo a su boca. –Aparte de estar mucho mejor, sabes delicioso – Con el dedo bañado en su saliva, delineo los labios entreabiertos de Renata. –Pero no te detengas, preciosa – Movió su cadera contra el cuerpo de ella.
Renata parpadeo un par de veces y froto de nuevo.
Atrás había quedado el dolor de la espalda y caderas de Julien. No podía quejarse, no ahora que tenía las manos de Renata solo para él, recorriendo su piel con ternura y cuidado. Eso jamás lo creyó posible, aquel anhelo de despertar al lado de alguien por el resto de su vida.
-Te amo – Susurro contra sus labios. Su voz se rompió y la abrazo con fuerza.
-Jules – Renata le devolvió el abrazo y eso, por raro que pareciera, lo rompió.
Tenía miedo de que tanta felicidad se desvaneciera como un sueño. Que se le fuera de entre las manos como la arena del mar. Que solo fuera una sensación pasajera como el viento contra la cara o los rayos de sol bañando su cuerpo.
Trago el nudo de su garganta y beso a Renata en la frente. Contra todo, se separo de ella y se sentó en la orilla de la cama, dándole la espalda. Enterró las manos en su cabello y soltó una maldición. Algo andaba mal. Daría un brazo apostando a que algo iba mal. Muy mal.
-Ren – Se giro para verla sentada sobre sus talones. Desconcertada por su actitud y tirando de la sabana para cubrir su desnudez. – ¿Tus padres han llamado para saber como estas? – Comenzó por la pregunta que martillaba su cabeza. Si los padres de Renata se habían alejado de ella por su culpa…
-Si. Le conté a mi madre que tú y yo… Omití detalles sucios, claro – bromeo. Se acerco a Julien y peino su cabello. –Ella esta tan feliz como yo. Mi padre… - Bajo la mirada. –Dijo que si yo era feliz, él lo seria.
-Conseguiré un mejor empleo, Ren, lo juro. Se hacer muchas cosas…
-Shh – Lo callo con una mano sobre sus labios. –No necesito más nada que a ti. Me gustas tal y como eres.
-¿Y tu hermano? – Quería cubrir cada posibilidad.
-Feliz. Aunque…
-¿Qué? – Apuro nervioso.
-Dijo que te partiría la cara si… Julien, cuando… Es decir… Antes de conocerte estuve con alguien – Julien la escuchaba atento. –Ese alguien me hizo mucho daño. Vince, mi hermano, está al tanto de todo, no quiere que pase por eso de nuevo – El dolor se hizo presente en los ojos esmeralda de Renata. Sin demora la abrazo.
-Jamás te haría daño. Me mataría antes siquiera de pensarlo – Juro.
Aliviado de cierta forma, no soltó a Renata hasta que ella le dio una suave mordida en el lóbulo de su oreja.
-Yo hare el desayuno esta vez. Me has consentido demasiado…
-Sabes que es un placer – Julien peino el remolino que eran sus cabellos y beso sus labios. –Después nos divertiremos, lo juro.
-Seguro. Cuando esta arruga – Con su dedo índice delineo la frente de Julien – desaparezca. ¿Qué pasa?
-No lo sé – Confeso. –Llame a mi hermano hace un día, dijo que el lunes… ¿Qué día es hoy?
-Si mi memoria no me falla, lunes. ¿Luna está bien?
-Imagino que si. Para estas horas… – Desvió la mirada al reloj despertador que reposaba sobre la mesita de noche de Renata. Los números verdes marcaban pasadas las tres de la tarde. ¿Tanto habían dormido? –… ellos tendrían que salir de la Corte, con Luna sobre los brazos – Agrego ante la cara de angustia que se formaba en Renata. –Hunter podrá ser un hijo de puta presumido, pero es un buen abogado. Luna está libre de cargos, puedo jurarlo.
-¿Tendrían que haber llamado ya, no? – Inquirió.
Julien nunca se mostraba preocupado por nada. Salvo cuando los padres de Renata llamaban. Si todo había salido bien, como él pregonaba, Luna la habría llamado. Busco con la mirada su teléfono móvil. Salió de la cama, cubrió su cuerpo con una bata y deambulo por toda su habitación hasta que encontró su móvil debajo de una pila de ropa sucia. La pantalla parpadeaba con al menos diez llamadas perdidas de números desconocidos. Frunció el ceño y le tendió el aparato a Julien.
-¿Conoces estos números?
Tomo el aparato y maldijo en voz alta.
-Hunter y mi primo Noah. Les devolveré la llamada.
-Me daré un baño rápido – Anuncio ella y entro a la ducha.
Entonces Julien comenzó a marcar a Noah. Rasco la barba insipiente de sus mejillas mientras esperaba a que su primo contestara. Se recargo impaciente en el marco de la puerta del cuarto de baño, observando a Renata entrar a la regadera. Las puertas se empañaron y solo lograba ver su silueta mientras ella enjabonaba su cuerpo.
-Mierda, Julien, ¿Por qué cojones no contestabas la llamadas? – Noah rugió tomando la llamada.
-He estado algo ocupado, lo tenía en silencio – Estaba tan de buenas que no quiso dar réplica a los regaños.
-No me importa. ¿Estas sentado?
-¿Qué sucede?
-Contéstame primero…
-No, no imbécil, no estoy sentado. Ahora dime lo que pasa – gruño. Se enderezo por completo y apretó el teléfono entre su mano.
-Tu hermano… Él…
-¡¡Suéltalo ya!!
-Le dieron un balazo.
Lo vio todo rojo.
Lo siguiente que supo es que Renata tomaba su rostro y lo abrazaba. Tenía un zumbido molesto en los oídos y apenas sentía pasar el aire por sus pulmones.
Su hermano…
Al contrario de lo que todos pensaban, Julien nunca lo odio; lo envidiaba. Pero nunca como para desear que algo así le pasara. Tristan se debatía entre la delgada línea de la vida y la muerte.
Odio separarse del toque de Renata hasta tomar su chaqueta de piel y sacar su inhalador. Ese maldito e insignificante objeto que lo hacía sentir débil y miserable, pero que justo ahora lo necesitaba. Lo agito y aspiro dos veces con profunda necesidad.
-No sabía que fueras…
-Ni yo – Torció una mueca y se puso de pie. Busco su ropa y en un parpadeo estuvo vestido y listo para ir con su hermano.
-Voy contigo – Casi con la misma rapidez estuvo lista y jalo a Julien a la salida.
Julien agradeció que ella le hubiera tomado la mano. Subieron al auto rojo, y agitando de nuevo su inhalador aspiro antes de meterse en el tráfico y volar con furia por las calles.
No se dijeron ni una palabra durante el camino. Renata repasaba líneas de esperanza, pero sabía que todas aquellas palabras se irían a la mierda una vez que viera a su amiga. Julien tenía a su hermano tendido en una cama de hospital, pero sabía que Luna tenía al amor de su existencia, entre la vida y la muerte. Atino a tomar aire por la boca, tan profundamente como fue capaz.
-Ese maldito no se puede morir, porque yo lo mato – Bufo Julien de pronto, golpeo al volante y Renata dio un brinco. –Siempre tiene que llevarse la mayor atención el muy hijo de puta – Paso una mano temblorosa por su cabello revuelto.
No sabía si aquello que decía era broma o era su forma de exteriorizar su dolor. Busco entonces la mano de Julien que usaba para cambiar la velocidad y entrelazo sus dedos.
-Podría decirte muchas cosas ahora, Julien, pero…
-Dices el doble con estar a mi lado, Renata – Beso sus nudillos y se metió entre dos autos para avanzar otros 5 metros.
-Jules – Renata sollozo. –Dime entonces que le diré a Luna cuando la vea – Un mar de lagrimas broto de sus ojos y baño sus mejillas. – ¿Que le diré?
Aquello la aterraba.
Si Tristan… Si él…
Se odio siquiera por pensarlo.
-Tu hermano no puede dejarla, no puede – Gruño.
Miro con ardor a Julien.
Él, al contrario de Renata, sabía exactamente lo que le diría a Luna. Las palabras claras que su hermano desearía decirle a Luna si él pudiera. Esas que no se cansaba de recitar cuando llegaba a visitarlo en el departamento de Manhattan, desde el día en que se comprometió con ella. Para su desgracia, Julien las conocía de memoria.
-Tranquila, ¿Si? Hierba mala nunca muere – También quería creer eso.
-¿Puedes ir más rápido?
-Volaría aun si no tuviera alas – Le dio un rápido beso y volvió a mezclarse entre los autos.

Dorothea Van Gulick fue la segunda en llegar al hospital.
-¡Noah! – corrió hasta su sobrino y lo abrazo. –Dime que mi hijo está bien. ¡Dilo!
-Él estará bien. Tía… – comenzó sin saber realmente como seguir. Su tía lo odiaría después de eso – tuve que llamarlo.
-¿Qué dices? – Dorothea jadeo. Puso una mano en su pecho y negó con la cabeza. Su rostro se puso de piedra.
-Era la única forma de que él tuviera la sangre que necesitaba. Tú y yo sabemos que él es el único compatible.
-¿Cómo pudiste, Noah?
-Lo hice para salvarlo. No tenía alternativa. Era eso o tu hijo moría.
-¿A qué hora llego?
-Un par de horas – murmuro sin muchas ganas.
-¡¡¿Un par de horas?!! Es decir que lleva más horas con mi hijo que yo – Chillo.
Sus mejillas se tiñeron de rojo y sus ojos se encendieron. Realmente lucia aterradora. Noah sabia de primera mano, ahora, el temor que infundía su tía a cada paso.
-Algo así. Ahora está con Luna.
Dorothea arqueo el labio y camino por el largo pasillo hasta que se detuvo al doblar una esquina. Se quedo tan quieta que podía sentir el latir de su corazón bajo su pecho…
La escena que contemplaba la dejo helada.
James tenía a Luna entre sus brazos. Su cabello entrecano marrón, contrastaba contra la melena negra y medio rizada de Luna. La prometida de su hijo se veía tan pequeña entre los fuertes brazos de ese hombre, lo que le hizo recordar de inmediato su juventud… con él.
Los Van Gulick eran una familia acomodada y acaudalada. Era bien sabido que todos los negocios y empresas de las cuales eran dueños producían tanto dinero como para mantener a 5 generaciones más. Pero no fueron las riquezas lo que provoco que una joven Dorothea, aspirante a modelo, perdiera totalmente la razón por el mayor de los Van Gulick; James. No solo de joven era bien parecido. Incluso ahora, con más de cincuenta años a cuestas, James podía hacerla caer sobre sus rodillas. Su atractivo solo era eclipsado por el azul eléctrico de sus ojos. Ese par de orbes más hermosas que el color del cielo en el amanecer, reflejaron muchos años el amor que sentían por ella. La sonrisa que le regalaba cada que la miraba, le hacía sentir las rodillas de gelatina. Y su toque… Era tan cálido y reconfortante como los rayos tibios del sol al besar la piel.
Él era perfecto.
Lo fue tanto tiempo hasta que lo encontró con su mejor amiga, Victoria.
Claro que James lucho contra el arrebato de celos de Dorothea, pero ella, ciega de dolor, no quiso escuchar sus excusas, mucho menos volver a verlo por el resto de su vida. Fue una suerte que sus hijos fueran pequeños cuando ellos se divorciaron. Era fácil que ellos olvidaran a su padre, y aun más sencillo decirles que George, el mejor amigo de Dorothea y James, fungiera como su padre.
Sin embargo, la herida de aquella traición de amor, nunca sano.
Ver a Luna entre los brazos de su ex marido había abierto de nuevo la yaga y vertido sal en ella. Dolía como el infierno. Dolía como la primera noche que no había dormido con James, se clavaba tan dentro de su pecho, como una daga y seguía enterrándose día a día, minuto a minuto muy dentro de su alma.
Quería reclamarle tanto a James y a la vez quería abrazarle y escuchar de su ronca voz que su hijo iba a estar bien. Que se salvaría… Y por estúpido que pareciera, Dorothea quería escuchar una vez más que él la amaba tanto como ella a él, y que jamás la había olvidado.
Trago ante eso ultimo y limpio de sus mejillas unas lágrimas que jamás cayeron. Se acerco lentamente hacia ellos.


-Luna, él estará bien – la voz de James Van Gulick sonaba aterciopelada y ronca como la primera vez que Dorothea la había escuchado, se sentía tan bien poder escucharla de nuevo.
-No han encontrado la bala, señor Deline – La voz quebrada de Luna detuvo a Dorothea a un par de pasos de ellos.
¿En qué diablos se había metido su hijo? O aun peor… Luna.
-Pero ahora estoy aquí, y todo saldrá bien.
-Sigo sin entender tantas cosas – Luna sorbió su nariz de forma nada femenina y le miro. – ¿Que es lo que hace usted aquí?
-A veces hay cosas que no necesitan explicación Luna. Como el amanecer…
-No me pude venir a decir esto ahora. Vi cuando Noah le dijo que Tristan estaba grave y que necesitaba sangre. Yo no lo llame y dudo que Emily lo hubiera llamado. ¿Qué hace usted aquí realmente?
Dorothea tenía que admitir que Luna era buena juntando las piezas.
-Yo lo llame, Luna.
-¡Señora Van Gulick! – La chica dio un brinco y se puso de pie para encarar a su jefa. –Tristan… Yo…. ¡Fue todo mi culpa!
-Shh, shh, niña, no digas eso.
-Lo es – refuto, terca. –Nada hubiera pasado si yo… Renuncio.
-¿Qué diablos dices?
-Si jamás hubiera conseguido el puesto en Spotlight, Tristan, él… - su voz se quebró y sus ojos se bañaron en lagrimas. Sus labrios temblaban, exigiendo que continuara. –Apenas Tristan salga de esto, yo… Volveré a Lawrence y…
-Luna – James se había puesto de pie y tomo los hombros de Luna para hacer que lo mirara. – ¿Estas escuchando la estupideces que dices?
-Fue una estupidez quedarme aquí. Yo herí a Tristan… Yo hice que esa bala entrara en su cuerpo… Y ahora estoy haciendo que no salga, yo…
Cada palabra era una sandez mayor a la anterior.
-Niña, no puedes decir eso. Tristan te adora, él… - Dorothea se acerco a Luna. Nada de lo que decía Luna parecía tener sentido. El dolor y la desesperación escapaba de su pecho.
-Yo lo amo más que a nada en el mundo – Interrumpió la morena. –Y no saben como me duele tener que… Jamás había conocido a un hombre como él. Lo amo. Y daría mi alma por él si con eso se salvara.
-¡Entiende esto, Luna Phellan, te prohíbo que abandones a mi hijo! – Rugió James.
-¿Cómo dice?
-Tristan es mi hijo – repitió.
La morena busco la mirada de Dorothea.
-Así es, Luna.
-No dejaras a mi hijo, no ahora. Lo necesitas y él a ti. Y nada, escúchame bien, Luna, nada de lo que paso es tu culpa, las cosas tenían que ser así… ¿Acaso no harías todo lo que hiciste antes para encontrar a Tristan de nuevo?
-Mil veces – Respondió de inmediato. –Pero yo…
-Se que no querías que recibiera un balazo por ti. Pero sé que harías lo mismo por él. ¿O me equivoco?
-Le regalaría mi alma al Diablo si él me lo pidiera – declaro Luna.
-Entonces no hay más nada de qué hablar. Tú no te vas a Lawrence y no renuncias a Spotlight. Tristan saldrá del quirófano sin la puta bala en el cuerpo y se irán juntos a casa. ¿Quedo claro, Luna?
-Si, señor Delin… ¿Cómo debo llamarlo ahora? – Sonrió nerviosa.
-Sigo siendo James Van Gulick – Miro a Dorothea.
-¿Todo este tiempo, usted…?
-Luna, niña, debo pedirte que no digas nada… Por ahora – Dorothea tomo la mano de Luna. La chica asintió. –No quiero que Julien se entere…
-¡Ja!
Una vez más, el rostro de Dorothea se hizo de piedra.
-Creo que ya es muy tarde para eso, madre – Julien estaba a dos metros detrás de ellos, con Renata tomada de su mano.
-¡Luna! – La ojivede corrió a su amiga, pero la tensión no se rompió entre los tres Van Gulick presentes.
-Así que usted es mi padre, señor Deline. Debo confesar que es un buen trabajo…
-No comiences, Julien – Luna podía interpretar eso como una advertencia. Conocía de hace tiempo al (ahora podía decirlo) padre de Tristan, que esa ceja arqueada solo indicaba una cosa: “No presiones, niño”.
-Oh, ¿y por qué no?
-Tu hermano esta allí adentro con una bala en su cuerpo.
-Perfecto. Olvidémonos del pequeño Jules. ¿Saben algo? ¡Lo sabia! Sabía que alguno de los dos me mentía, pero ahora sé que siempre fueron los dos, ¡oh, perdón! También el hijo de puta de George. ¿Qué ganaban con eso, eh?
-Tu madre decidió que era lo mejor para todos – Contesto James. Dorothea parecía incapaz de decir algo más. Su boca era una línea delgada en su rostro, encrespado en sorpresa, y si Luna no se equivocaba, dolor. Pesar.
-Lo mejor para todos – Repitió Julien con acido. –Crecí sin un padre. Pero eso tú ya lo sabes, Jimmy. Y con una madre que me mintió todo el tiempo, que no quería ni verme. ¡¡Por qué madre, por que!! – Rugió en dirección a Dorothea, que justo se veía vulnerable.
Luna y Renata no supieron en qué momento se alejaron de ellos. La tensión que exudaban bien podía tocarse.
-¡No me vengas con la estupidez de que era por mi bien! Porque déjame decirte, Dory, que nunca fue para mí bien… ¿Sabias que la primera vez que probé mi sangre fue porque un grupo de francesitos intentaron violarme?
-Julien – Dorothea cubrió su boca con las manos.
-Así es, madre. Ninguno de los dos, esperen, debo agregar a George. Ninguno de los tres estuvo ahí para ayudarme. Nadie. Pero tuve suerte. Tristan y Noah deambulaban por la ciudad buscándome. Gracias a ellos puedo decir que mi culito sigue siendo virgen.
-Julien, cállate.
-No, no lo hare, James. ¿O debo decirte, papi?
-Tu madre y yo…
-¡Mi madre y tu, nada! Fueron un par de cerdos egoístas que solo buscaron favorecerse a si mismos. ¡¿Por qué nunca quisiste verme, Dorothea, por qué?! – Iracundo, aparto a su padre de un empujón y tomo el rostro de Dorothea obligándola a mirarlo. Detrás, las chicas ahogaron un grito. Inmóviles ante la ira de Julien que podía saborearse. El fuego en sus ojos destellaba, quemándolas. –Dime por qué… ¡¡¡Dilo!!!
-¡¡¡Porque eres igual a James!!! – Chillo Dorothea. –No soportaba mirarte. Eres igual a James, Julien. Idénticos. El mismo fuego en su mirada. Sus sonrisas. Su cinismo. Eras la viva imagen de James.
-Me odiabas – susurro Julien.
-Jamás. No quería verte, porque me dolía saber que tenía a tu padre lejos de mí. Me dolía verte…
-Y tu dolor, tu propio dolor se interpuso ante el amor que supuestamente una madre debe tener por su hijo. Muchas gracias. Entiendo que su… divorcio, ¿Por qué eso paso, ah?, alejara a James de nuestras vidas. Pero no me cabe en la cabeza que nos mintieras, madre. Que jamás quisieras verme, por ser como mi padre. Perdón por eso.
-Julien…
-Tú no digas ni una puta palabra, James – Lo señalo. –Si Dorothea dice que somos como dos gotas de agua, sabes que una palabra tuya más y te romperé la cara.
-Solo quiero que sepas que tu madre los ama y que si me aleje, fue porque ella me lo pidió. Lo hice por ustedes.
-Lo que digas – Volteo los ojos. –Yo hare algo por ustedes…
Dio media vuelta y se fue. Levanto los brazos e hizo una seña obscena.
-¡A la mierda los dos! ¡¡Me hubiese hecho más feliz saber que soy adoptado!! ¡¡Que mi madre es una puta y mi padre un maldito gangrenoso vagabundo!!
-¿Por qué tenias que volver James? – Dorothea se volvió a James apenas Julien desapareció en una esquina del pasillo.
-¿Por qué? ¿Eso es lo único que tienes que decir, Dory? ¿Por qué?
-Volviste para arruinar mi vida.
James bufo igual a Julien y meneo la cabeza con una sonrisa acida en su rostro. No cabía duda, eran dos gotas de agua. Renata le miro fijo. James, o el señor Deline, como siempre lo había conocido, al menos desde que Luna y Emily invirtieran sus pocos ahorros en el bar León, miro a Dorothea con intensidad. Aquellos ojos azules y eléctricos eran idénticos a los de Julien.
-¿Cómo puedes seguir pensando en tu vida cuando es la de ellos la que arruinamos?
-¡Lo hice por amor! – Grito Dorothea. Todo control se había ido al caño.
-¿Por amor a quien, Dory? Porque lo único que parece es que intentabas salvar tu propio pellejo. Jamás te importaron tus hijos, mucho menos Jules, ¿ah?
-No puedes acusarme de eso. Tú me engañaste. ¿Recuerdas? ¡Con mi mejor amiga!
-Jamás te engañe. Eso fue lo que tú creaste en esa loca cabecita tuya. Yo te amo, te amaba, al menos… Vico había perdido a su hijo en el accidente que mato a su esposo y a toda su familia. ¿Qué querías que hiciera cuando acudió a mí para decirme lo sola que se sentía? Tenía frente a ella a sus sobrinos, huérfanos. Era joven y tenia ahora dos pequeños bajo su cuidado. Lo único que pensaba era pedir tu ayuda. Estabas muy ocupada con tu carrera de modelo y el viejo Granade como para que te importara lo que pasara a tu alrededor, con tu familia, con tus amigos… Con tus hijos. Viste lo que quisiste ver.
-Mientes – Dijo entre dientes.
-He mentido durante mucho tiempo, Dory. No volveré a hacerlo jamás. Cuando mi hijo salga de ese quirófano, le diré toda la verdad. Me ganare a mis hijos de nuevo, aun si tú no lo deseas. Y sobre tu pregunta – el señor Deline se giro a tomar su abrigo, que estaba sobre las sillas en el pasillo – volví para salvar a mi hijo. Luna – llamo – lamento que hayas presenciado todo eso. Tú y tu amiga. A ti te conozco – frunció su ceño al reconocer a Renata. –Eres la chica que se corto con una botella. Julien no paraba de hablar de ti desde ese día. No le digas que yo te dije – Le apretó el hombro cariñosamente y sonrió. –Renata, ¿cierto? – La aludida asintió errática. Tenían una sobrecarga de información. –Si yo fuera tu – Le miro con fijeza – buscaría a Julien antes de que golpee a algún paramédico. Nos vemos pronto – Dicho eso ultimo comenzó a caminar a la salida.
-Iré…, yo tengo…
-Si. Ve… Tu que puedes – Luna abrazo de nuevo a su amiga y suspiro.
-Él estará bien, Luna.
La morena asintió. No logro formular la sonrisa que pensó realizar ante su amiga. Ojala todas sus palabras de aliento fueran ciertas. Había escuchado a los médicos decir las probabilidades de salvarse. Necesita más que suerte para volver a ver a Tristan.
-Ve con Julien. Te necesita y tu a él.
-No tardo, lo juro – Una vez más se abrazaron y luego Renata salió corriendo por el pasillo directo al estacionamiento.
-Señora Van Gulick, yo…
-Estaré afuera – Dijo y sin más la dejo sola en el pasillo.


Una vez más lloro con ganas. Tenía un día entero sin dormir. No es que no estuviera cansada, simplemente sentía que si cerraba los ojos jamás despertaría. Perderlo era algo que no soportaría. Pero después pensaba en todo lo que había vivido con Tristan. Las sonrisas, las caricias, las risas, incluso los silencios. Él estaría decepcionado de ella si se perdía del mundo como una cobarde. Ella no era cobarde, claro que no. Empero, sabia, y eso le carcomía el alma, no encontraría en el mundo alguien como Tristan. Un nuevo mar de lágrimas resbalo por sus mejillas.
-Luna – La chica se limito a levantar la cabeza que tenia oculta entre sus brazos. Lloraba en silencio, sentada en el pulcro suelo del hospital, con las rodillas dobladas envueltas entre sus brazos, con la cortina de cabello negro, sucio y revuelto cubriendo sus lagrimas. –Deberías descansar y darte un baño, tus amigas están en el lobby del hospital…
-Estoy bien, Noah – Mintió.
-Te recuerdo que tengo a una Phellan a mi lado para saber exactamente cuando y como mienten.
-¿Cómo está Kenzi?
-Demente por saber quien le disparo a Tristan. ¿Quieres atarla tú o lo hago yo?
Las bromas de Noah deberían hacerla sonreír, pero no hoy.
-¿Todas están aquí?
-Así es. Incluso el chico del flequillo que tanto odia Tristan y el tipo que vive en tu edificio… Dijo llamarse Evan. Todos están aquí. Salvo que no llegan hasta acá porque no son familiares…
-Yo tampoco.
-Sigue bromeando y tendré que abofetearte – Lo dijo tan seriamente que Luna no dudo en que lo hiciera. –Tristan tiene tu nombre para emergencias. E hizo un par de cosas más por ti que no diré, porque jure que no lo diría. Así que si algo le pasa, serás la primera en enterarte. Ni Dorothea, ni su padre, mucho menos yo.
-¿Puedo preguntarte algo, Noah?
-Tristan va a salvarse, Luna. El muy hijo de perra tiene a todos los Dioses a su favor, créeme.
Ella no iba a preguntar nada que tuviera esa respuesta, pero sabe Dios que necesitaba escucharlo.
-Gracias, pero no era eso.
-¿Qué es entonces? – Noah tomo lugar al lado de ella.
-¿Tu sabias lo del señor Deline y…?
-En mi familia no hay secretos. Mis padres nos criaron, a Ada y a mí, bajo un muy estricto código de honestidad. Nada de lo que salga de mi boca, será mentira. Y si, siempre lo supe. Guarde el secreto porque mi tío James, me lo pidió. Sabía que era necesario que él viniera, su sangre y la de Tristan son compatibles. Era el único que podía salvarlo. Tuve que hacerlo. ¿Por qué la pregunta?
-Lo siento… Soy…
-Curiosa como un maldito gato – Interrumpió con una sonrisa. –Tristan lo dice siempre.
-¿Siempre?
-Todo el maldito tiempo, Luna. No hay momento que no hable de ti. Te diré un secreto… ¿Sabes a donde iba llevarte de Luna de Miel?
-No. Nunca hemos hablado de eso.
-Al Parque temático de Harry Potter.
-No es verdad – Jadeo Luna. Era lo más maravilloso que nadie hubiera hecho por ella.
-Él me lo dijo – Se incorporo. –Y por cierto… La sortija que llevas en tu mano – Luna se miro la mano izquierda – él la diseño solo para ti. ¿Quieres un café?
-Frío y con mucha azúcar.
-A la orden.
Observo a Noah alejarse, tomando el camino a la Cafetería. Ahora más que nada, sabía que Tristan se salvaría. No solo ella lo esperaba. Su padre también, su hermano, sus amigos.
-¿Señorita Phellan?
Luna se puso de pie con rapidez. Un medico vestido de azul claro se paro frente a ella.
-Tengo algo que decirle…

3 comentarios:

Ale!! cRaZy StAr!! xD dijo...

Estoy entre el colapso y un poco de enfado.
Amo cada linea, amo Maldita Delicia con toda mi sangre y mi ser, tengo a Dios y al diablo de testigo que no miento. Mi pobre Trish!!!! u.u Aun no supero que ese hijo de las mil putas le hiciera eso, por que mi Luna esta rota, mi pobre Luna ;_____ ; Este capitulo me ha llevado del estado de shock a una sonrisa boba y luego más Shock!
Dory y James (Mis suegros XD ) Los quiero ahorcar por mi pobre Jules, que pobre u.u dioses tiene tantas heridas que temo se desmorone ;____ ; Y mi Trish ahi sin saber nada y todo en una vorágine de cosas que me quedo con dudas, con muchas cosas que decirle a Dory -.- Apartala de mi vista xD
Noah me hace reir y preocuparme en partes iguales y bueno no se que hare cuando no tenga a mi Maldita delicia u.u amo esta historia y gracias por el tiempo y el esmero que pones en ella.
Te amo, Beu. Pero sobre todo te admiro siempre, gracias por 3 años de una historia que vivira por siempre!
Quiero el próximo capi!!! o llorare XD
Es enserio -.-

Violet dijo...

Ay nooooo!!! Tristan.. Porqueeeee???? Si que me desconcertaste B primero que pense en Luna y llore oor ella, y resulta que fue Tristan!! Buuu!! Lloro ....
Y que onda con Julien? su hermano está entre la vida y la muerte!! Y el peleandose con los papás, bueno si fue una revelacion pero, el hermano iba primero no???
Ya espero el siguiente capiiiii!!!!

Violet dijo...

Creo que blogger no me deja comentar otra vez, probando, probando....

Las chicas del Té de Lemmon

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